Suspira aquel silencio que redobla en la piel, mientras que las caricias del viento enjuagan los cabellos, al son del mar y su sinfonía estrella del desierto.
Deja que el mormullo del sueño arrulle el vaivén de las olas, mientras que los pies se impregnan en las arenas del tiempo.
Sumerge cuerpo, en la trova de las ballenas, y piérdete en una estela de planetas. Revela el tesoro del aliento, en el patíbulo de una montaña; engendra ahí la fama de un trasnocho sin rodeos.
Esquiva las alas rotas del eterno hálito, y siéntate en el portón de la inmensidad natural, a esperar ver las pasiones dibujadas en la muralla apreciada.
Mientras consternas los paisajes, contempla la gloriosa imagen de un hada, que escribía versos sueltos en los pechos de la Páfia. Al compás disonante de las campanas que reviven el gendarme surreal, para custodiar las almas en sentido figurado.
R.F
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