Lo inefable de la vida no radica en las decisiones que tomamos, sino en aquellas que dejamos de tomar. A medida que vamos creciendo, que nuestra vida se va achicando, complicando, deshaciendo.
Van naciendo vertientes únicas por donde nuestras elecciones fluctúan, creando así nuevos afluentes de momentos presentes, que dejan una estela de maravillosos decoros en pasado. Con esa mezcla del instante que se va haciendo historia en los anales de la vida.
Cada mormullo nos acerca al futuro próximos y nos aleja de la fuente primaria de nuestra existencia milagrosa.
Estamos aquí para hacer del recorrido un Orinoco: hermoso, misterioso y fuerte. A sabiendas de nuestros actos y consecuencias de lanzarnos sin evidencias. Ser cascada de todo aquello que nos apasiona. Cuidar de los nuestros, de los amores que dejamos en vela o de los sueños que ahogamos en el destierro.
Con esto conmemoro el contrapunto de nuestros antecesor, dejando evidencia de que somos la maravilla de una elección: consiente o no. Somos el indicador más exacto de que nuestra presencia en este planeta, tan elemental como la primera piedra.
Sin más que hacer referencia, cierro con el hálito de nuestra propia desgracia, enmarcada en esas maravillosas obras de arte que llamamos: sonrisas y lágrimas.
Gracias.
Ronald Figueroa.
