martes, 13 de abril de 2010

Una mañana en África.


Las mañanas ordinarias siempre se mezclan con las tardes de Somalia.

En donde los niños juegan a ser grandes y los grandes caen muerto por los juegos

Las letras son borradas en las escuelas y el diablo se encierra en aquellas miradas inocentes

Las selvas se vuelven un eterno recreo en donde la sangre derrama su dolor.

Las mañanas ordinarias siempre se mezclan con las noches de Uganda,

En donde el llanto de una madre desesperada, aclama al vació de un cuerpo con su último aliento.

La enfermedad es el opio de sus dolientes, y la tecnología la forma más rápida de transmitir lo más insaciable del bizarrísimo humano.

Las mañanas ordinarias siempre se mezclan con el sol naciente de África

En donde la belleza natural se descompone en las sonrisas desintegradas de sus habitantes

Y las figuras de un pueblo base, es el único estandarte de la desgracia naturaleza humana.

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